The Backrooms: ¿mito de internet o historia real?
Cuando A24 anunció que produciría una película titulada The Backrooms, la reacción fue inmediata. No solo por el interés habitual que despierta el estudio, sino por una pregunta concreta que empezó a circular fuera del fandom habitual del terror digital: ¿esto está basado en una historia real de internet?
La duda tiene sentido. The Backrooms no se percibe como una ficción tradicional. No hay héroes, no hay mitología clásica, no hay un “inicio” claro. Su tono recuerda más a una advertencia que a un relato. Algo que se descubre por accidente. Y eso, en internet, suele confundirse fácilmente con lo real.
El origen auténtico: un post anónimo, no un caso real
La respuesta directa es sencilla: The Backrooms no está basado en una historia real. No existen registros, desapariciones ni documentos que respalden su existencia física. Su origen es completamente digital.
Todo comienza en 2019, en un hilo anónimo de 4chan. Un usuario compartió una imagen: una habitación vacía, amarilla, iluminada con fluorescentes, sin muebles reconocibles ni ventanas. Otro usuario añadió un breve texto que funcionaba más como una nota inquietante que como una narración:
“Si haces noclip fuera de la realidad en los lugares equivocados, acabarás en The Backrooms…”
No había contexto. No había reglas claras. Y precisamente por eso funcionó. El concepto quedó abierto para que otros lo expandieran.
Cómo un concepto mínimo se convirtió en un mito colectivo
A diferencia de otras creepypastas, The Backrooms no se construyó alrededor de un protagonista ni de una historia cerrada. Creció de forma fragmentada: wikis, hilos, vídeos, reinterpretaciones contradictorias.
El núcleo, sin embargo, se mantuvo estable: un espacio infinito de habitaciones casi idénticas, con un zumbido constante, donde perderse no es una metáfora sino una condición permanente. No es un lugar diseñado para matar, sino para desgastar.
Ese enfoque lo aleja del terror clásico. El miedo no viene de lo que aparece, sino de lo que podría aparecer. De la repetición. Del silencio. De la sensación de que el entorno no responde a la lógica humana.
Por qué se siente “real” aunque no lo sea
The Backrooms conecta porque remite a una experiencia reconocible. Casi cualquiera ha estado en espacios similares: oficinas vacías, pasillos interminables, edificios pensados para estar llenos pero que, vacíos, resultan inquietantes.
No es terror sobrenatural en sentido estricto. Es arquitectura impersonal llevada al extremo. Sistemas diseñados sin intención emocional. Lugares donde una persona parece un error.
Por eso muchos lo perciben como algo “real”. No porque exista, sino porque podría existir sin esfuerzo. No rompe las reglas del mundo. Solo las estira.
Kane Pixels y el salto al lenguaje audiovisual

El punto de inflexión llegó en 2022 con los vídeos de Kane Pixels en YouTube. Su serie The Backrooms (Found Footage) tradujo el concepto a imágenes sin sobreexplicarlo.
Cámara inestable, sonido deficiente, encuadres torpes. No hay narrador omnisciente ni explicaciones cómodas. Cuando algo aparece, no parece un monstruo, sino un fallo del entorno.
Esa lectura visual fue clave para que A24 se interesara en el proyecto. No por el lore acumulado, sino por la coherencia tonal: The Backrooms funciona mejor cuando no intenta justificarse.
La película de A24 no adapta una “historia real”
La futura película no adapta hechos reales ni un canon oficial. Adapta una idea. Un imaginario colectivo nacido en internet y refinado a través de distintos formatos.
Eso implica reinterpretación. Selección. Pérdida de elementos en favor de otros. El mayor riesgo no está en cambiar detalles, sino en explicarlo todo.
The Backrooms nunca funcionó como un misterio resoluble. Su fuerza está en la ambigüedad, en la sensación de estar atrapado en algo que no necesita lógica para existir.
Entonces, ¿de dónde viene realmente The Backrooms?
No viene de un archivo oculto ni de un suceso documentado. Viene de experiencias compartidas, de espacios reconocibles, de una ansiedad muy contemporánea frente a entornos impersonales.
No es una historia real. Pero tampoco es solo ficción. Es una idea que se sostiene porque no intenta convencer, solo incomodar.
Y eso, para el terror moderno, suele ser más efectivo que cualquier explicación.





